Nagamine II
El punto era a raíz de que estábamos en un diálogo buscando nuestra mejoría y había opiniones de que “vos que estuviste en Japón” etc. ¡Ayúdanos!. Y opiniones de conseguirse un mesías del judo. Pensé que era importante recordar la historia como guía de lo que sucede cuando se inserta un extranjero o agente nuevo en una fauna (donde el que no muerde por delante muerde por detrás) ya establecida como la nuestra. Y así expuse el tema de Nagamine. Que también por supuesto ha refrescado nostálgicos recuerdos en nosotros especialmente los más viejos de nuestro querido deporte.
Tengo que agradecer todas las opiniones y aportes que me han enviado a la experiencia que tuvimos los de esa época. Pues han mejorado mi monografía.
Al sensei David Fernández debo decirle que si vuelve a Tokyo me salude a Nagamine y que Nagamine en esa época era más joven que lo que sos vos ahora.
Al sensei Alfonso Solano, excelente y pagano maestro! ¡Estoy viejo! Pero como ves el alzaimer todavía no me ha atacado. Y que bien que estés levantando Cartago pues yo siempre he sido un admirador de ese lugarsucho.
Y a vos estimado amigo. ¡Claro! Que si el presidente del judo de esa época no tuviera ese laboratorio. Del judo se defendía pero de eso no. Ahora debe estar más profiláctico.
Y el insulto que le dijo Jaime B. Le costó a éste que compitiendo con él lo metiera a patadas debajo de un banco de nuestro querido club de judo universitario, que lo tirara en el piso de madera y hasta al baño fue a dar a punta de volteos. Según me relataron.
Y descubriste el remedio para los que somos malos en judo como yo. Comerse 20 huevos duros como lo hacía Nagamine.
Además Sensei Gerardo Segura Serenísimo y antiguo maestro, vos que junto con el Sensei Juan Segura se iban a meter al Marielena a comerse las bocas que ahí preparaba Nagamine. Estoy seguro que ahora harán subir de precio dichas bocas.
Lo de que Nagamine era asmático le costó caro cuando fuimos a dar aquella exhibición al Castillo. Me acuerdo que Julio García le escondió la bombita atomizadora que andaba para oxigenarse. Y andaba con cara desfigurada en 3 picos ahogándose buscándola como una rata haciendo nido.
Y volviendo al aspecto histórico. Pues ya decía que quien desconoce la historia está condenado a repetirla (según Santayana). Nagamine es heredero de la situación que se venía incoando en la academia de don Orlando. Hechos a los cuales espero referirme más en detalle luego como el castigo por 5 años que se le impuso al doctor Renato Soto y a la selección que nos fue a representar al IV centroamericano de judo en Guatemala. Por parte de la Judan Sakai que era una junta de cintas negras que apoyaban a don Orlando. Y digo heredero porque la Asojudo del doctor Soto gestionaba al cuerpo de paz japonés entrenadores con la mira que había que mejorar el judo. Así que el decir era: “¡Ahora si vamos a aprender judo de verdad!”. Era el clamor de la época. La academia de don Orlando ya estaba dividida. En 1961 El sensei Manuel Rojas había establecido el judo en Cartago. Y la Asojudo conformó un grupo que salió de la academia de don Orlando. Separado legalmente y con casa aparte a la par del museo de arte en la sabana.
Había descontento con el judo de don Orlando. Léase el artículo de Herbert Ortega en la nación del 2 de abril de 1969. El doctor Soto decía que la Asojudo era algo bien diferente a don Orlando. Que la Asojudo estaba legalmente establecida y que don Orlando estaba subido sobre una lonchería en la avenida 10.
Pero don Orlando empezó por ahí de 1955 poderoso. Con alumnos de clase alta y mucha plata. Así inició el judo en Costa Rica a saber: Eddy Cortés, Manuel Jorba, Roberto Solórzano, José María Crespo Perera, Eduardo Simón Yamuni, Herrero, el doctor Ortega, Mario Marín y otros. Grupo que siempre apoyó a don Orlando y muchos de ellos se agruparon en la judan sakai, petit comité de cinturones negos.
Es mucho después que apareció en esa academia el sensei Alfonso Solano de Cartago.
Este ambiente de la añeja Academia Costarricense de Judo No veía con buenos ojos a la Asojudo y viceversa. Así que Nagamine. Cayó en el grupo del doctor Renato Soto de la Asojudo. Recién llegado se le encomendó dos jóvenes a quienes el deporte judo no les agradaba pero sus padres si eran apasionados del judo. Don Orlando siempre tuvo grupo de niños. De donde salieron otros jóvenes mas fogueados. El asunto fue que don Orlando con sus jóvenes de más experiencia; y la Asojudo con Nagamine al frente jugaron el gallo en un campeonato. Don Orlando puso sus cartas y la Asojudo las suyas entrenadas por un maestro IV dan del Kodokan. Y quien además creía que aquí no había nada que sirviera. Y adivinen que ocurrió los muchachos de don Orlando derrotaron a los de Nagamine!. Todo el Kodokan había caído ante la Academia Costarricense de judo y jiu jitsu de don Orlando. Qué Risa solo imagínense la cara de don Orlando que era tan expresivo. Aquí ya no estamos hablando del área de la Marielena. Aquí es el área de la CHAVELONA. Sobre este relato agradecería que me ayudaran con más información. Pues yo no lo presencié ; Aunque de buena fuente lo obtuve. Fue el día en que derrotamos al Kodokan! ¡Lero lero el Kodokan es puro barro!
Les decía que yo no estuve el primer año de Nagamine. Pues el doctor Soto Pacheco me había echado del judo para toda la vida. No obstante logré obtener lo siguiente; algo de mucha importancia. Me dice el Lic. Jaime Barrios Carrillo que cuando Nagamine llegó era todo un San Nicolás. Llegó con 100 esteras y algo así como 200 judoguis. No más entró al país instaló 50 esteras en un local de la policía. Sus planes eran entrenar a la policía. Como las esteras de la Universidad de Costa Rica estaban casi podridas. A regañadientes dice Jaime que nos prestaron 24. El proyecto de la policía fue un gran fracaso. Sigue diciendo Jaime que fue porque los policías eran cobardes y no soportaron ni la primera lección. “Y al primer estrangulamiento salieron horrorizados corriendo”. “Luis Arguedas Rivas quien acompañó siempre a Nagamine, de quien antes dije que éste le enseñó la kime no kata. Dice Jaime que fue testigo de esto. Yo si vi cuando Nagamine en esta kata le enviaba un leñazo a la cabeza a Luis y lo frenaba cuando le faltaba un centímetro para llegarle dejándole los pelos parados. Sí recuerdo que Luis me dijo que los policías tenían un judogui de felpudo. Me relató una vez Arguedas que Nagamine hizo prácticas de tiro que impresionaban. A mí sí me dijo Luis que le disparaba a botellas impactándolas siempre.
Pero el judo nunca penetró la mente de los policías que además según Jaime Barrios no veían la necesidad de aprender semejantes triquiñuelas. Este rechazo del judo por parte los policías también lo confirmó René Harry Muñoz uno de nuestros buenos competidores de la U. Quien muchas veces cargó a Nagamine en su motocicleta. Dice Jaime: “el judo fue un estorbo para los policías que además querían el local para otros propósitos. Y el doctor Renato Soto Pacheco a la sazón presidente de la Asojudo nunca cuestionó estas actividades de Nagamine que quería implantar la brutalidad de la policía de Tokyo que como sabés tiene su mayor rival en la Universidad de Tokio. Por eso Nagamine no gustaba de la universidad y al principio invirtió todas sus energías para instalar un club de judo de la policía costarricense”.
Y ahora que Nagamine había fracasado con los policías quien se atrevería a ir donde los castrenses y pedir los tatamis y judoguis (hemos visto aquí en Costa Rica lo difícil que es lograr la firma de Memo para 11 esteras) y además quien se atrevería a cuestionar el proyecto de Nagamine al propio Nagamine. Y sigue diciendo Jaime Barrios que algo logró con su inmunidad diplomática y contactos que tenía su padre embajador de Guatemala y se logró que salieran las esteras y se trasladaran a la Universidad de Costa Rica y a la Asojudo. Y sigue Jaime: “El coronel de la policía me recibió encantado mostrando su animadversión al judo quien además veía al prepotente japonés como un intruso. Todo esto fue un fuerte golpe para Nagamine y de ahí en adelante andaba zurrando a cuanto judoca encontraba”. ¿¡Quién te la maduró para que la reventés conmigo?! No dejaban de tener razón los judocas de don Orlando y don Orlando al referirse socarrona y peyorativamente de Nagamine. “Fue la época en que nagamine se negaba a todo, llegaba al dojo porque era su trabajo, pero mostraba su desprecio y rabia sentándose enchompipado e indiferente en la banca del dojo mientras los judocas hacían 2 lagartijas y dos caídas.
Así terminó Tío coyote, fracasado en la policía tica y vilipendiado y derrotado por don O. No le quedó más a este cliente de la Marielena y el Fitos, y también por qué no cliente del laboratorio del doctor (quien le salvó la tanda) que meterse en donde lo refugiamos tan afectuosamente: el dojo de la universidad de Costa Rica. Y según me cuentan japoneses que después vinieron desde Tokyo allá tampoco está de muy buenas pues le hicieron una prótesis de madera pero le cayó polilla de Costa Rica que llevaba en la valija desde aquí.